Gilda Rodas de Lorenzana
Agosto este año es diferente. Sí que lo es.  Pasa cada 823 años.  Cinco lunes.  Cinco martes.  Cinco domingos y brillan hermosos los astros en el cielo. 
Hace 823 años, bajo la Gran Torre, en el Cuerno de Oro; un joven cristiano se sentó a escribir durante, cinco lunes en el mes de agosto.  Quién sabe porqué.  Era un prometedor estudiante de retórica de la primera universidad del mundo, en Constantinopla.  Claro. Una de aquellas noches escribió:
Dios me ha regalado el tiempo.  Desde aquí puedo alcanzar las estrellas y el infinito. 
No necesito responder a las preguntas, pues, tú Señor, eres la respuesta, y tú hijo: La Verdad y la Vida.


823 años más tarde, junto a unas colinas llamadas los Cuernos de Haittin, un hombre planeo durante cinco martes, en el mes de agosto, la conquista.  Allí se llevaron a cabo los enfrentamientos y la victoria fue eminente. Capturados todos los caballeros de las órdenes religiosas, vieron alejarse la Vera Cruz.


Una de aquellas noches, Saladino, escribió:
No es el deseo de reyes matar reyes, pero ese hombre había trasgredido todas las fronteras, y por eso le traté así. 


También se encontraron otros manuscritos, especie de jarchas, escritos por una muchacha triste.  Cinco domingos, en aquel agosto, ella sufrió y finalmente murió diciendo:
¡Qué dolor!  
¡Qué tristeza!
Enfermas las almas.
¿Cuándo sanarán?
Si el mundo llega al fin,
en algunos siglos, nueve.
que no sea en agosto,
Tampoco sea en domingo.