Gilda Rodas de Lorenzana
Eran cerca de las once, una espesa capa de humo merodeaba todas las mesas. Las luces del escenario se apagaron y nos quedamos las cuatro con las copas vacías, esperando el siguiente show.
-Y a continuación, lo más esperado de la noche, la talentosa: ¡Angie!-Presentó el anfitrión.

Mientras, mis amigas y yo, pedimos la tercera ronda del ladies night.  Junto a nuestra mesa estaban las escalas que conducían al nivel superior.  Desde allí vimos asomarse a Angie.  Preciosa la condenada, llevaba un vestido negro escotado y ajustado hasta la cadera.  El pelo suelto y sensual. Los labios rojo carmesí, y un bolso... ¿Un bolso? Sí, una cartera pequeña con todo y cadena dorada cual le cruzaba el hombro; rectangular y de color rojo también.
-Al menos le hace juego a los zapatos. -Dijo Isabel.
-Sí pero...qué hace una cantante francesa, toda una artista según dicen, con una cartera justo antes de entrar a escena?- Preguntó Margarita.
-Seguro no la llevará a escena. -Comentó Yamania.

Pero se equivocó.  Angie, bajó lentamente al escenario, contoneándose elegante entre la concurrencia.  Se posó bajo las luces y despreocupada colocó la cartera sobre un pequeño banco negro con patas de metal.  Como esperando su momento.
El show para todos los demás inició con La vie en rose, pero para nosotras, cuando decidimos descifrar el misterioso propósito de la cartera roja y su contenido.
-Ya sé.  Hay un revólver.  Es una loca asesina y todas moriremos esta noche.
Reímos con la ocurrencia de Margarita.
-No, no es eso. -Dijo Isabel.  -Son preservativos, muchísimos.  Resulta que nuestra amiga Angie es un poco desenfrenada con el tema del sexo. Obviamente debe estar preparada en cualquier momento y en cualquier lugar.

Lloraba de la risa, literalmente, cuando noté algunas miradas inquisidoras por ciertas mujeres y hombres que intentaban disfrutar la interpretación de la canción.  Pobres. Nuestras locas y desordenadas carcajadas los distraerían aún más, cuando terminara de decir esto:
-Ustedes no saben, la realidad de la cartera es muy sencilla.
-¿Cuál? ¿Cuál es? -Preguntaron todas, sin parar de reír.
- La cartera está vacía.  Sí así es.  Al terminar el show, Angie, muy regia y segura de sí la abrirá.  Se acercará como una gata a cada mesa, moviendo su cabello, moviendo las caderas y con voz sensual la oiremos decir:
-¿Les gustó?  Entonces deposita aquí tu contribución.  Gracias.

No les puedo describir el furor que salía de aquella mesa después de tremendo absurdo. (Nunca había reído tanto).  Tampoco puedo contarles qué onda con la artista, ni cómo terminó el show, pues al terminarse el vino, decidimos marcharnos.

Nuestros hijos esperaban dormidos. Nuestros esposos esperaban también.

Pero sí les puedo afirmar que aquella noche de otoño, en Santiago, con mis grandes amigas, seguirá despierta en mi alma.  Por siempre.
Y bueno, por qué no, también puedo imaginar que Angie, además de hacer lo que más le gusta, colecciona recuerdos.  Al terminar la noche los guarda en esa cartera, la misma que lleva en todo momento y a todo lugar.  Obvio.
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