Gilda Rodas de Lorenzana
Entonces Zeus se quedó dormido y Atenea no pudo, esta vez, apaciguar la Ira de Poseidón, quien cumplió todas sus promesas esta vez.
¡Sufrirás y nunca volverás a Ítaca!
Ulises desde entonces se deleita de los placeres que Calipso y su isla le brinda.  No olvidó nunca a Penélope quien aún teje sudarios para sus amantes y Telémaco dejó de buscar batallas por los siete mares.
Poseidón, arrepentido, le implora que vuelva, pero es muy tarde ya... 
El destino de los hombres está en mano de los mortales.