Allí estaba yo de nuevo, en la iglesia, de rodillas llorando. Se "celebraba" el primer año de difunto de mi querido novio. (A propósito que la palabra celebrar en este caso, da una connotación de felicidad, cual no es para nada apropiada, pero así suele decir la gente). En fín, estaba pensando en la última vez que le vi. "¿Fue acaso en su casa o cuando fuimos a comer?" Es curioso, no podía recordar con claridad. Solo recordaba su ojos, pero el resto de su cara iba y venía a mi mente de manera confusa. Hacía un esfuerzo enorme por recordar las veces que reímos. Sin embargo, las lágrimas impedían ver en mi estúpida mente esos momentos. Únicamente recordé bien aquella horrible llamada telefónica. Y sentía una y otra vez, como taladro en el pecho, el dolor inmenso que no cesaba, que no cesaba...
De pronto se acercó la canasta para la ofrenda, reaccioné un poco contrariada, pero saqué algo de dinero. No sé cómo pude también darme cuenta que la señora junto a mí, no contribuyó, y la canasta pasó de largo. Creo haber visto en su rostro un gesto de vergüenza o preocupación y hasta la fecha me cuestiono, en qué estaba pensando para haberle dicho: "Si quiere le presto algo de dinero...sin pena, dígame".
De pronto se acercó la canasta para la ofrenda, reaccioné un poco contrariada, pero saqué algo de dinero. No sé cómo pude también darme cuenta que la señora junto a mí, no contribuyó, y la canasta pasó de largo. Creo haber visto en su rostro un gesto de vergüenza o preocupación y hasta la fecha me cuestiono, en qué estaba pensando para haberle dicho: "Si quiere le presto algo de dinero...sin pena, dígame".


Excelente!!! Me encantan todos tus cuentos