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Souvenires de Violeta

Aquella tarde Violeta quiso tomar un paseo. Entre Vespucio Norte y Calle del Inca, hay un lugar especial, una pequeña plaza llena de árboles, niños y ancianos. Algunos enamorados y otras personas que a solas quieren descansar un rato. Violeta se sentó en su banca favorita, alguien había dejado algunas partes de El Mercurio. Por suerte era la sección de Artes y Letras. Cuando las luces del parque se encendieron, caminó hacía la estación, aquella tarde tenía un olor diferente, como ese olor a miel con leche tibia.  Las puertas del vagón se abrieron, por suerte encontró lugar junto a la ventana.  Su intención era llegar lejos y después caminar hasta donde no hubiera salida y tomar una copa de buen vino, (aunque no lo había decidido bien, pero importaba poco).  Al terminar el recorrido no quedaba nadie a bordo,  era momento de bajar.  Se abrió la puerta y Violeta quedó un poco contrariada y bastante seducida. Allí estaba él  tan enigmático, Imperturbable...

Lo que hacía falta

-Pregunta Juan si le regalamos una vela. -Una me queda,  ¿por qué? -Porque es el cumpleaños de Paula y la va a sorprender con un pastel hoy, a la hora del té. -Qué detallista...deberías aprender un poco. -¿Ya empezás con tus sarcasmos? -No es eso, pero me doy cuenta que tú no tenés ese tipo de detalles conmigo. -Pero quién te entiende mujer, si para tu cumpleaños te regalé un carro.  El que tanto te gusta. -¡Sí el que vos usás ahora! -En serio que tenés un arte para crear problemas... -¿Sabés qué...? No quiero pelear.   Por fin hoy nos largamos de la ciudad, e intento pasar un buen día,    relajarme un poco...qué tanta falta me hace. -¿Y eso, es una indirecta o qué? -Ahh tomalo como querás, ya te dije que no quiero pelear. -Claro, que conveniente... -¿Ya encontraste la vela? -Sí ya la llevo. Eran alrededor de las diez cuando regresaron cansados al departamento.  Joaquín había sufrido un pequeño accidente esquiando en el agua y parecía tener ...

El viaje

Resulta que no estoy acostumbrada a los "freeways". -Verá, vengo de una ciudad pequeña-.  Además, soy muy nerviosa, soy nueva en Santiago, estaba sola y tengo a mi responsabilidad la vida de un bebé (mi hijo)...comprenderá entonces la atormentada noche por la que pasé, aquella vez: Eran alrededor de las nueve cuando nos despedimos en el aeropuerto.  Recordate- me dijo- poner atención al cruce correcto, después de la primera salida a la derecha.  Sí, le dije, muy confiada que todo estaba bien.  Por suerte, mi hijo daba ya señales de sueño, así que el viaje de regreso al departamento sería de lo más tranquilo, pensé. Efectivamente venía con los ojos puestos en las señales y evitando ir como tortuga.  También cantaba una canción de cuna y sin ver buscaba entre mi bolsa el celular...por cualquier cosa. Hice el cruce, la señal claramente decía salida a Santiago.  Continué por la carretera que empezaba a verse más oscura, menos transitada y poco parecida...

Guatemala en Santiago

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La distancia nos hace escribir, (me dicen), yo todavía no puedo. Te tengo a ti que me lees. Una hoja en blanco y el abecedario.   Un libro roto de autores chapines y los treinta cinco volcanes de Ricky López.  Lo siento… nada que darte, o quizás solo esto:  Un techo y cuatro paredes   con vista a los Andes.  Con un sol que se duerme más tarde,  y una luna que ya no se pinta de plata,   sino de cobre. Se me termina el recurso, veo que no tengo nada. Quizás te sirvan mis sueños pospuestos,  o el amor de una madre, por un hijo extranjero. O la lágrima enviada ayer por correo ¡Lo siento, pero todo me falta! Me falta el viento de tu barrilete,   Me falta tu rico noviembre…  Me sobra el verano, y me asfixia el calor.  Siento lo dulce en el fiambre.  Siento el amor del domingo.  Siento el azul de los nuestros.  Y la primavera en las venas. Y en el corazón tengo lo que no puedo dart...

La gloria

Y me creía muerta, hasta que un día adornaste mi tumba. Me plantaste un par de flores y sus raíces alcanzaron mi cuerpo vacío, y su olor perfumaron mis labios. Me levanté entre los muertos y la gloria por fin la tengo, entre tus brazos...

sueños de un ave

He despertado. ya no soy humano. Hoy seré de nuevo un pájaro! podré volar, lejos y aún más... por mis venas el viento, por mi frente, nada será igual. Podré ser casi libre, casi inmortal, y casi feliz.

Trece de Alianza

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Como quién espera el alba me verás entrar al horizonte, y en la marcha los oídos, sabrán que ya es la hora. Luciré gaviotas en el velo como las que emigran lejos, y brillarán mis ojos perlas, cultivadas por mis padres. El vibrato de talanes en las campanas bien alegres, provocará aplausos al viento, en señal de buen augurio. Y levantando la copa en honor a la esperanza, el Señor se hará presente, convirtiéndonos en uno. Los invitados que bailen al compás del mejor vino, Y nosotros, debutantes, sellaremos con un beso... el destino.